El maíz figuró en el panteón religioso y en el culto de las principales culturas precolombinas.

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Entre los mayas existía un dios del maíz, el tercero en orden de frecuencia en los códices, al que se le representa siempre como un joven y algunas veces con una mazorca de maíz como ornamento de la cabeza. En algunas ocasiones se ve esta mazorca brotando del jeroglífico del día Kan, que es el propio símbolo del maíz en los códices. Kan era también el día del cual era patrono este dios. De todos los dioses representados en los códices, esta deidad es la que ofrece mayor grado de deformación de la cabeza. El dios del maíz era el patrono de la labranza y directamente o personificado por un sacerdote aparece algunas veces en las esculturas mayas regando con granos de maíz la cabeza de la madre tierra. Los aztecas tenían a Cintéotl o Centéotl como dios del maíz. Era hijo de Tlazoltéotl y de Xochiquetzal, la diosa de las flores. Existían además numerosas diosas del maíz, que eran jóvenes y bellas: Chicomecóatl (Siete serpientes o siete mazorcas) era la más importante de todas y cuidaba las cosechas y la subsistencia. Xilonen era la "madre del maíz tierno". Los incas no tenían un dios del maíz, pues su religión tenía muy pocos dioses y estaba centrada en el culto al sol o Inti, que protegía el estado, pero la planta figuraba en todos los ceremoniales importantes, antes que la papa y otros cultivos tradicionales de la zona andina. El maíz se consideraba uno de los elementos valiosos que podían sacrificarse a los dioses, y al sol sobre todo, y principalmente en forma de chicha.

El maíz figuró en el panteón religioso y en el culto de las principales culturas precolombinas.