La Ceiba sagrada ilustra la estrecha relación de los mayas entre la vida y la muerte.

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Como todas las culturas de la humanidad, los mayas tenían una particular visión de su entorno, la cual compartía rasgos con otras culturas mesoamericanas como la Olmeca, la Mexica o la Zapoteca. Y, al igual que ellos, pensaban que el mundo estaba organizado en tres planos horizontales, donde habitan seres divinos, dominan fuerzas sagradas y acontecen hechos míticos y reales. Los tres planos de este universo son la Tierra, lugar destinado para los seres vivos y la humanidad, este plano estaba separado del cielo y del inframundo, mediante árboles sagrados ubicados en los cuatro rumbos cardinales y uno más en el centro. Este último era el árbol sagrado, la Ceiba, el eje del mundo, cuyas raíces conectan los nueve niveles de la esfera del Xibalbá, y sus ramas los trece estratos en los que se divide el cielo. Itzamná era hijo de Hunab K´u, una deidad abstracta e indivisible. Para los mayas, el señor del cielo, el día y la noche fue el creador del cosmos.

La Ceiba sagrada ilustra la estrecha relación de los mayas entre la vida y la muerte.